Vislumbro tu belleza, roja armonía, piel sedosa;
nada es más negro que la noche en que te miro
exhalando pudor en tu pecho tibio.
Mi mente se pierde, oh muerte, en tus cálidas manos
me sonroja la desnudez, tu aliento me incorpora,
y no siento ya los pies cuando a tu mirada me refugio.
Muero, mi corazón para, mi pulmón se fulgora;
no hay noche más oscura que en la que nuestras vistas se entrecruzan
ni idea más clara que la que en tu vientre pronuncio.
Tengo miedo de las sombras y de la luz de las farolas
tiritan mis nervios ante el calor de su esfuerzo.
Blanca espuma en torbellinos brota con violencia
y en la embriaguez de los cuerpos renaces, oh demencia,
pues la nada es mas bella que el calor de esos brazos.
Te amo por la virtud que emana de esos instantes,
sueño con el día en que tus sueños me consuman
dilatando al frío espesor de la cordura.
La noche es negra cuando me dejas sin tu esencia,
el calor de la ausencia enfría a los placeres
y muero y te odio por ser lo que no eres,
por la rígida angustia de yo estar sin ti.
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