martes, 12 de octubre de 2010

Narciso

Enamorado de una vaga silueta
Que se espeja sobre aguas estancadas,
Cuya imagen la realidad no refleja,
El joven muere en la desesperanza.

El eco de su desdén retumba sobre él:
Ahora que la Justicia agita su látigo,
El gran despreciador padece del frío
Que su vanidad le ha hecho merecer.

“Mientras no te conozcas, vivirás”:
El adivino Tiresias te precavió,
Mas decidiste beber del veneno de la verdad.

Ahora que en tu ocaso languideces,
Para emerger como una hermosa flor:
¡Zambúllete bajo la superficie!

Carlos Viveros Torres

lunes, 11 de octubre de 2010

Larga ausencia

Vislumbro tu belleza, roja armonía, piel sedosa;
nada es más negro que la noche en que te miro
exhalando pudor en tu pecho tibio.
Mi mente se pierde, oh muerte, en tus cálidas manos
me sonroja la desnudez, tu aliento me incorpora,
y no siento ya los pies cuando a tu mirada me refugio.
Muero, mi corazón para, mi pulmón se fulgora;
no hay noche más oscura que en la que nuestras vistas se entrecruzan
ni idea más clara que la que en tu vientre pronuncio.
Tengo miedo de las sombras y de la luz de las farolas
tiritan mis nervios ante el calor de su esfuerzo.
Blanca espuma en torbellinos brota con violencia
y en la embriaguez de los cuerpos renaces, oh demencia,
pues la nada es mas bella que el calor de esos brazos.
Te amo por la virtud que emana de esos instantes,
sueño con el día en que tus sueños me consuman
dilatando al frío espesor de la cordura.
La noche es negra cuando me dejas sin tu esencia,
el calor de la ausencia enfría a los placeres
y muero y te odio por ser lo que no eres,
por la rígida angustia de yo estar sin ti.

Un Cadavre Exquis à la Grecque

A solas, el sol, en el cielo,
cuando la aurora, enemiga
del sueño, con su alboroto
despertaba a los ruiseñores,
se encariñó con el combate sollozante,
ya que es completamente vano
e inútil llorar por los muertos.

Gallo que anuncias la mañana,
anima tú a los jóvenes con tu canto,
pues mucho falsean los poetas,
y a los dioses les tocará determinar el triunfo,
que es Ares común a todos.

Vengo del río y todo lo traigo reluciente
(de veras: ¡vi a Febo en sueños!)
y me agobia el estruendo del mar púrpura
bullendo a mi alrededor,
ya que también para el silencio existe
una recompensa sin riesgo.

Te busco sin dejar de hacer presagios
porque no vamos a pasarte gratis:
hay un buey trabajando en casa.

No sé que hacer; mi pensamiento es doble:
por un lado, deseo tener trato contigo
pues son tan amables tus modales,
y deseo también que lo más justo de todo,
la verdad, nos asista tanto a ti como a mí,
pero el deseo, que rompe los miembros,
¡amigo!, me vence irrefrenablemente,
y de pelearme contigo son tan grandes mis ganas
como las de beber, cuando la sed me abrasa.

No hay nadie sin reproche ni sin daño:
son los dados de Eros, delirios y pleitos.
No me importan ya ni yambos ni placeres,
pues son azar y destino, Pericles,
los que dan a los hombres todo
y siendo tan largo el tiempo de estar muertos,
vivimos malamente pocos años.

Carlos Viveros Torres

viernes, 8 de octubre de 2010

Angustia


Eres un río
donde cien cauces caben
por él mil ríos andan
con él los mares mueren.

Soy una gota
soy nada
no soy ni río
ni mar
ni cause
ni agua.

Eres un cielo
y en ti las nubes
andan como hojas
en los libros;
las nubes a rebosar
de frías gotas.

Soy madera
hoja vulgar y seca,
donde mil bosques caben
donde cien tierras andan
en do los cielos mueren.

¿Qué pido de ti
Cielo y río?
¿Qué pido de ti
Bosque seco?
¿Qué pido de ti
Mar muerto?

Sin río
el mar se oculta.
Sin cielo
el sol nos mata.
Sin ti
la muerte es vana.

domingo, 3 de octubre de 2010

Extraña.


Pasillos sin fin , paredes inmensas, pasos a lo lejos...cerca, uno, dos, seis, una pareja, una multitud.
Caminos con cruces moméntaneos,instantáneos y efímeros.
Ni un sólo rostro, cientos de cuerpos, baldosas heladas y el soplo del viento gélido sin misericordia; luz de la ventana, luz pálida, cielo del crepúsculo.
Silencio, silencio, silencio.
Silencio interno contrastado con el bullicio y los sonidos circundantes, pero al final silencio, silencio infinito.
Oscuridad, espera y hastío.
Pasillos sin fin, un camino desdibujado; pasos, uno, dos, tres, cuatro...¡Bienvenida!
Música...

Por Spina Bifida

Último aviso?

Me despierto sobresaltado. Por la ventana se cuela el sonido de la señora de los tamales pero no tengo dinero para bajar corriendo a alcanzarla. Me medio visto con lo primero que encuentro y salgo del departamento; bueno, yo lo llamo departamento, no crean que es por presumir ni nada, es nada más para no llamarlo "el cuartucho que está hasta arriba de la vecindad".
Salgo y me encuentro con la señora que vive justo abajo, Doña Estela, todavía es temprano pero ella ya salió a regar sus plantitas,¡Buenas doña Estela!, ella solo sonríe; pobrecita, desde que le mataron a su hijo el año pasado ya no es la misma de antes. Cruzo el pasillo, paso por enfrente de los dos departamentos que siguen, enfrente de uno una botella con leche y un periódico enrollado, enfrente del otro un sobre con letras rojas grandotas, ÚLTIMO AVISO, que bonito contraste, ¡Buen día Pepe!, la segunda puerta se abre y yo paso haciendo como que no veo el sobre, ¡Buenas!. En el piso de abajo se oyen gritos, señal de que la vecindad ya va agarrando el ritmo; es la pareja que se avienta como cinco mentadas de madre antes de empezar el día, yo creo que con un simple -Hola- sería suficiente, él es obrero y ella, alcohólica. Paso discreto como todo buen vecino, haciéndome el de la vista gorda y llego el piso de abajo; es lo malo de vivir hasta arriba, siempre antes de salir uno se entera de la vida de todos los demás. En el piso de abajo suenan los huapangos que pone Don Beto, su vecina de a lado sale corriendo y se pone a gritarle a su puerta, ¡Apague la música viejo inconsciente, todavía es muy temprano!, trato de no reírme. Tomo las últimas escaleras antes de llegar al patio y empezar el día, Doña Sarita está sentada ya en su banquito, ¿Ya te vas Pepe?, ¡Sí Doña, a chambiarle!, la noto seria, como distante, sigo caminando, me dan escalofríos; abro la puerta y lo veo, enfrente de la vecindad esta el cuerpo del esposo de Doña Sarita, muerto ya, sin decir nada; en la esquina dos polis se comen un tamal, nadie hace nada, nadie ve nada.

Hoy cuando salí de la casa no sabía a dónde iba, pero salí muy decidido.

Por J.R. Cruz

sábado, 2 de octubre de 2010

Por la ventana

La calle es un vestíbulo desordenado de alegrías polvosas y poco discretas. Se puede ver riéndose por los aires, el triunfo del viento que ha salido victorioso contra el batallón de la limpieza.

Como última esperanza altiva dos mujeres toman sus respectivos cañones, y adornadas de tulipanes y orquídeas, comienzan con el último anhelo la desesperada escaramuza. Dos golpes aquí y veinte más por allá: es inútil. Su sofisticada belleza indígena no les permite seducir al fiero contrincante. Continúan la riña por horas y horas; son valientes pero poco son frente a tan imperioso ejército de mugre.
Cansadas  y discretas tiran su vestido, lanzan sus armas a la banqueta. Y en un doloso delirio se dicen a sí mismas:
-¡Por fin! La calle está limpia.